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La cooperación cultural tiene una vertiente que va más allá del intercambio (muchas veces fingido y arrogante) de bienes, productos y servicios culturales, o, por otra parte, de economías, subvenciones o gratificaciones varias. La cooperación a través del conocimiento permite elaborar desde los diferentes lugares-mentes que cooperan “procesos propios” desvinculados de las lógicas de la pleitesía a las que obliga el paradigma “cooperador- cooperado”.

Este prisma de cooperación fundamentado sobre el conocimiento aporta un nivel de evolución que difícilmente tiene su referencia en los modelos de intercambio hincados en las finanzas y en las locuras de la producción. Los “cooperantes del conocimiento” trazan una línea de intermediación que propicia un crecimiento cultural-viral más autónomo y menos supeditado a los devenires de la superioridad. Un cambio necesario, un puente necesario por el que poder traspasar hacia modelos de gestión abiertos, distribuidos y expandidos. No se trata en todo caso de suprimir los, en ocasiones, modelos de intercambio de bienes citados sino de habilitar procesos que permitan el crecimiento conceptual, ideológico, intelectual… y aprovechar sus evidentes secuelas explosivas. La cultura más allá de los programas y las estructuras, la cultura para la conformación de pensamiento crítico.

Asumir esta posición intermedial de la cooperación cultural, a través del intercambio de conocimiento y el derribo de las lógicas de la escasez,  puede ser una de las mejores claves para la desinstitucionalización de nuestras iniciativas. Porque, en definitiva, el conocimiento es algo que, indiscutiblemente, no debe entrar en los preceptos privativos de la propiedad.

Logremos de este modo traspasar el código empírico de la cultura para alcanzar el código creador, generador, metafórico: las metástasis conceptuales como campo generativo. Quizá desde esta perspectiva de la cooperación podamos superar más certeramente aquellas evidencias que, dentro de la geopolítica actual de la cultura, nos siguen ofreciendo paradigmas de desequilibrio.

La cooperación por el conocimiento supera sin duda este sistema ya que en ningún momento supone dependencia ni desprendimiento, por una parte y, por otra, se desliga de la contextualización de redes de mercado y de  comercialización de la cultura.

Evidentemente la cooperación fundamentada sobre el conocimiento compartido colabora también en el desarrollo autónomo (edupunk) y contrarresta la asimetría que producen los modelos de cooperación “decretados”. Entran estos modelos en la nueva lógica de los intercambios entre pares ya que requiere de otros discursos menos retóricos, menos proteccionistas que nada tienen que ver con la “burbuja cultural” y el sobrecalentamiento de la cultura al que parece que nos abocan la dominancia institucional y de las industrias. Dominancia que nos lleva directamente a la manipulación de artefactos culturales como paradigma del desarrollo ultramoderno.

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