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La cultura pública y sus redes deben orientarse con urgencia hacia el procomún del conocimiento. Superar las fronteras de distribución del ocio y del acercamiento de sus productos al ciudadano. Mas allá de ésta innegable necesidad existe la de generar espacios, escenarios y caldo de cultivo para una estructura critica y reflexiva que posibilite la incubación de un desarrollo intelectual amplio y complementario al consumo. Las políticas públicas de cultura deben complementar y armonizar las tendencias programáticas con otras que lleven al ciudadano a amueblar su imaginario con material proactivo. Esto lleva a la necesidad de librar una decidida lucha contra la apropiación del conocimiento, contra su neutralización, contra su desaparición. Una sociedad culta no es aquélla que consume productos precocinados, que se abandona en lo que las élites del poder mediático les proponen como oferta. En realidad estamos asistiendo a una desapropiación de la cultura no porque no haya productos o servicios que “consumir”, sino porque existe una auténtica desapropiación del pensamiento. Con ello, la cultura nunca dejará de existir tal y como se empeñan en vaticinar desde diversos púlpitos, sencillamente porque la cultura es la esencia, el imaginario y las simbologías de los pueblos. Lo que desaparece es una determinada cultura sustentada sobre determinados valores. La cuestión es decidir por qué tipo de cultura deseamos trabajar.
No necesitamos una cultura que se refugie en las apariencias (el PIB lo es) que aparente ser lo que no es, que contradiga sus discursos… Como dice Piscitelli el conocimiento no implica desarrollo si no, no nos seguiríamos matando, pero es necesario que exista un poso para que algo germine. O un conocimiento de baja calidad aunque grande en cantidad (intoxicación) que es fácil de distribuir desde los medios de comunicación conniventes con los poderes. La importancia reside en desenmascarar la falacia de la cultura que nos venden y que incluyen en los discursos del desarrollo. La cultura para generar conciencia quizá sea más importante que aquella que pretende generar conocimiento (qué conocimiento y dirigido por quién?) una conciencia que incita a la reflexión y las preguntas. Eso es cultura, eso es trabajar por la cultura. Es necesario apreciar la esencia de una inteligencia critica y creativa (no sólo en el aspecto artístico, ni mucho menos, sino en aquel que nos lleva a crear condiciones de convivencia libre a nuestro alrededor) ese es la fundamento de la cultura. Alguien ocupado y preocupado por mantener y mantenerse en vida no puede llegar a casa y dedicarse a leer libros sesudos, a encerrarse en películas profundas… Pero sí reflexionará y creará en su entorno condiciones de vida culta por racional y sencilla. La cultura no puede convertirse en algo que perpetúe y reafirme los privilegios de una elite letrada. El monopolio de la razón, el monopolio del pensamiento, el monopolio de la cultura es incompatible con la libertad. Y la cultura no es únicamente consumir productos (si bien, evidentemente, es muy necesario, también existen productos culturales que son tóxicos) sino cultivar el pensamiento critico y libre.

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  1. 11/12/11

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