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La cultura contra la cultura. La maldad excepcional que parecen constituir los ataques de la derecha a la cultura no es en realidad lo que la suprime (es más, al contrario parece reforzar el tejido en torno a una defensa común) sino una pretendida política cultural promovida por sectores que se suponen pro-cultura y que en realidad la narcotizan desde la sensación de una pretendida connivencia con el sector y una ensayada preocupación activa por su desarrollo. Bien hemos visto que el escenario de la política-ficción nos presenta una fagotización de la cultura para condicionarla y dirigirla por canales más bien imprecisos. La cultura de la cultura institucional, en cualquiera de sus versiones de partido, y a través de su disfraz público es la que realmente viene matando la cultura.
Por eso la liberalización de la cultura no supone siquiera rescatarla de las iniciativas institucionales que la automatizan, sino que supone ignorar cada vez más a estas para poder sacarla de la parálisis.  La cultura es colectiva y solo puede desarrollarse desde formas comunitarias. Porque desde una administración secuestrada por los partidos no existe la gestión de la cultura sino el trámite de algunos de sus productos. El trámite de sus mercancías.
La cultura secuestrada por la inteligencia oficial es el arma más eficaz para destruir la capacidad creativa y generadora de la cultura. La cultura contra la cultura.

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  1. De acuerdo con que la crisis y los ataques a las actuales formas institucionales (estatales) de la cultura ofrecen una oportunidad para activar alianzas adormecidas y ensayar formas “comunitarias” (ni privadas ni estatales) de gestión de equipamientos y bienes.
    http://recnavarra.wordpress.com/2011/12/16/carta-abierta-contra-los-recortes-en-cultura/

    Sin embargo, no creo que esa posibilidad vaya a hacerse realidad de forma automática siguiendo a la “liberalización” del sector. Al contrario, pienso que hacen falta grandes cantidades de inteligencia colectiva y de trabajo para poner en marcha estos procesos “de base” y experimentales: espacios de gestión comunitaria, nuevas formas de sindicación, cooperativas, etc.

    Un sector laboral cada vez más precarizado y hostil puede facilitar que veamos la necesidad de ese tipo de iniciativas, pero no va a hacer la tarea por nosotros. Por eso, no veo la necesidad de darle la bienvenida a los recortes como un jarabe amargo pero salvífico. Más bien me parece que es precisamente en la oposición al expolio de lo público donde puede iniciarse la marea de la construcción de lo común.
    http://madrilonia.org/2012/01/hacia-una-marea-multicolor/

  2. Certero y casi autocrítico.

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