[#839]

Gestión de la cultura ¿cuestión de etiquetas? Aislar una identidad siempre supone marcar una diferencia con las posibles “demás”. Hacerlo con la gestión de  la cultura supone, en los últimos tiempos, añadirle una patina de profesionalidad sobre la que en momentos tengo mis dudas. No bien por la necesaria preparación que se necesita para ejercerla sino por la, al parecer inevitable, valorización un tanto tecnocrática de la materia. La autoridad que otorga esta profesionalización puede desvincularse a la larga, a mi modo de ver, de esa necesaria, digamos, virtud comunitarista. Una especie de desplazamiento hacia el alejamiento de los que no son profesionales. Un alejamiento que puede llevar a esperar de ellos una simple movilización cuando se convoca a la participación o al consumo. Un riesgo que puede conducir hacia una especie de oligarquía cultural en la que, además de los creadores, tocados por la mano de la deidad correspondiente, están los que entienden de esto y se dedican a administrarlo. Algo bien alejado de una sociedad que necesita ser construida sobre valores comunitaristas y de justicia horizontal. Y de una sociedad, por cierto, que evoluciona hacia comportamientos cada vez más cercanos a la autogestión del conocimiento a través de las redes. Mal casan con estos modelos de distribución jerárquica de las garantías culturales.

Por eso no creo que sea suficiente comprender la cultura como algo desvinculado de la tiranía del mercado sino también de aquella otra que nos ha llevado al desmoronamiento ideológico a través de la tutela de los “expertos”. (Ya he dicho en alguna otra ocasión que no me interesa la ideología de mi dentista pero sí la de quien lleva la responsabilidad de los destinos culturales ya sean lejanos o bien cercanos) En este sentido se me hace difícil entender una profesionalización que puede ejercer una selección poco natural y justa ya que, no olvidemos, hoy los masters diversos se encargan de elitizar a través de una criba evidentemente monetarista. Además de una cierta confrontación de intereses y visiones corremos el riesgo de la exclusión de los menos desahogados. Eso sin hablar del voluntariado que parece también abocado a una ligera subordinación profesional.
En todo caso de todo no podemos permitirnos pasar de un simulacro democrático a un simulacro de la cultura. Soy consciente, no obstante, de que buena parte de estos mecanismos de profesionalización cuentan con programas que inciden en la vertiente humana de la cultura pero, vista la trayectoria de las humanidades siento un cierto temor a que se valore por encima de todo ese modelo productivista de la cultura en absoluto detrimento del antropológico que necesita, no cabe duda, un compromiso ético profundo. La producción y distribución de bienes culturales (muchos de ellos así considerados únicamente porque tienen que ver con cierta actividad intelectual y son fruto de un momento y un lugar) son una parte de esa llamada gestión de la cultura, pero sólo una parte, como puede ser la farmacología a la salud. O es que la cultura hoy no se gestiona sino que únicamente  se tramitan, se mercantilizan, sus productos. El capitalismo como reino universal de la mercancía necesita, eso sí, gestores pero creo que deberíamos abandonar esa especie de primitivismo o reduccionismo conceptual que lleva a convertir el concepto gestión en una fuerza más del trabajo y sus beneficios. Mano de obra y procesos de exigencia financiera que deben producir ganancia: nada humano hay ya en su consecuente frivolidad empresarial, en su financiarización extrema y generalizada.
La cultura sometida a los beneficios, a la indignidad en términos kantianos. La involución de los valores que lleva aponer los acentos en unos modelos de gestión (insisto, si la hay) que llevan a una miopía estructural que abandona el compromiso colectivo (o se aprovecha de él con absurdas soflamas) y nos hunden en el beneficio privado (tanto personal, como corporativo o estatal). No quiero echar por tierra, entiéndanme, la necesidad de una preparación técnica e intelectual para ejercer una actividad complicada, pero sí señalar el maltrato estructural de la cultura por parte de una sociedad hipermercantilizada.

Anuncios
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: