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La cultura melancólica. Llámenla así si lo desean y considérenme representante. Pero la realidad impuesta, la sensatez oficial y la miopía política que cada día abraza más de lleno el pensamiento único llevan directamente a la marginación de quien ose apartarse de tales principios. El progreso determinado exclusivamente por el crecimiento económico ha constreñido el pensamiento y la hegemonía del mercado se superpone a cualquier otro modelo. La rentabilidad y la trampa de las ganancias ha colapsado la imaginación y la entrega a la emoción. El culto cuantitativo. La humanidad como mercado. Hablar de cultura en el sentido de desarrollo humano, cargar las tintas en el bienestar social fuera de la autoridad del mercado, produce recelo y no pocas sonrisas irónicas. Tal actitud te coloca fuera de la realidad, de una realidad que solo ve posibles bajo las rúbricas de la bolsa. Sin embargo, el gestor, más el gestor público no puede abandonar el fundamento político y social de la cultura porque con la gestión se construye un modelo, se genera una sociedad determinada. Y es desde la rugosidad y lo fragmentado, posiblemente, desde donde se debe enfocar el perfil correcto de la cultura. Porque es fractalidad, porque son infinitas microculturas.

No hay comunidad humana sin cultura aunque ésta este fuera de los márgenes de lo oficial, de lo vendible, de lo rentable y una minoría no puede otorgarse el poder de su significación. La comunidad hace la cultura y esa no es únicamente la que se cuelga en los museos sino la que se representa en la calle, en el espacio público. No puede construirse colectividad sin contar con la función política de la cultura y los considerados gestores de cultura no son sino transcriptores de la realidad. Por ello las administraciones no deberían ser otra cosa que un interface. Aún así, el estamento burocrático se hace con las ordenanzas y se olvida de su función canalizadora actuando, en demasiadas ocasiones, a través de la dominación por el monopolio. El estado de derecho cultural se reduce muy a menudo a proponer la elección entre tal o cual oferta, una rutina higienista. Lo secundario de la cultura.

Non serviam. Los caminos de la cultura los habita el pensamiento

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  1. Un buen texto, lleno de razón (y de corazón), la paradoja de algunos es que se han pasado los últimos años apuntalando al cultura con la economía, y ahora que les dicen que no hay dinero, ¿qué haran?

  1. 11/03/12

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