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Supongo, desde una cierta desesperanza lo admito, que un problema grave dentro de este mundo nuestro de la cultura es el de la investigación. Cuestión de maniobra, supongo también, o de ignorancia no sé o de inoperancia ya no me cuadra nada. Porque la misma tendencia que conduce a despreciar el pensamiento y la ciencia (“muera la intelectualidad traidora“) nos ha conducido a una cultura empaquetada en la que si se investiga se hace en lo que se refiere a producto (por parte de los creadores) y distribución (por parte de empresas). Nada que objetar porque esta dentro de su naturaleza, funciones y competencias. Pero ¿y las políticas públicas?. En un país en el que la investigación científica se desprecia en función de otras “necesidades”, en el mundo de la cultura pública ni siquiera se ha llegado a plantear ese escenario. El reduccionismo de explotación industrial al que viene siendo sometida desde décadas no parece un buen contexto. ¿Desconocimiento sobre su esencia? Lo no observable: vemos caer la manzana pero no nos preguntamos qué fuerza es la que la atrae hasta el suelo, no nos preguntamos por las causas. Reparamos en el cuerpo y en la materia pero ignoramos su entidad substancial.

Sin embargo comprender que la evolución de las sociedades se produce incuestionablemente por cambios culturales nos ayudaría a meditar sobre los procesos que envuelven la gestión de la cultura. Que esta evolución no es algo aleatorio y que se produce por razones profundas, que las mutaciones no son espontáneas. Que la cultura es aquello que crea la coherencia necesaria para ese cambio congruente. Pero más bien parece que estamos en un mundo intelectual secuestrado.

Quizá esta carencia de investigación (de compresión esencial) nos haya conducido a este colapso. Un colapso que no solo afecta a la cultura pública sino que repercute directamente en el ecosistema de empresas y organizaciones atrapadas en un modelo de explotación impropio, como poco, y que se ven abocadas, demasiadas, a la incertidumbre cuando no a la desaparición. ¿Podemos como sociedad permitirnos un modelo de desarrollo que  limite nuestra esencia? De la parálisis a la implosión no va demasiado y la involución también puede ser una función constante. Un bucle del que no saldremos con más de lo mismo. Del que no saldremos sin procesos de reflexión radical.

Toca armonizar. Porque no digo que todo se haga mal, hay encomiables ejemplos dentro y fuera, solo faltaría, pero la cultura no puede evolucionar alrededor de una “teoría gravitacional” única, no puede girar de modo único alrededor de las Administraciones como si de un sistema heliocéntrico se tratase. Existen dimensiones adicionales que quizá no las tratamos con la suficiente atención.

Por ello, las políticas de cultura, empezando como no por las locales, deberían constituir “unidades de pensamiento” (por favor, más allá de las paralizantes mesas y consejos de cultura) que trabajasen desde la simbiosis para adentrarse en eso que mencionaba como “lo no observable”. Que diesen coherencia a sus clásicas unidades de programación y que canalizasen las acciones en función de provocar efectos pretendidos no circunstanciales. Pero soy bien consciente de que nada de esto es viable sin conseguir verdaderos cambios en propios y extraños, dentro y fuera. De actitudes, de procesos, de formas, de condiciones, de estilos, de formalidades, de conocimientos, de intenciones, de celos, de composturas, de esfuerzos, de anhelos… Dónde está el liderazgo político y social…no se puede liderar lo que se desconoce.

Posiblemente la verdadera misión de las políticas locales de cultura sea la de crear un clima intelectual y creativo que permita generar esos campos de coherencia. Posiblemente metacultura.

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  1. Las politicas culturales públicas llevan muchos años empobrecidas y colapsadas, porque la politica lleva muchos años empobreciéndose y colapsándose y los que nos dedicamos “profesionalmente” a esto flotamos sin rumbo en ese líquido. Hace años muchos defendian (mos) que era la administración quien podia y debia arriesgar, investigar, inovar… ahora somos los más conservadores.
    Gracias por el post y por empujarnos a pensar

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