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No quiero ocultar, me traicionaría y les traicionaría, que no creo en los resultados reales de los Planes Estratégicos. Para mi no constituyen, la mayor parte de las veces, sino un ejercicio literario que insiste más bien en un catálogo de tendencias con mayor o menor acierto. Que pueden ser fácilmente exportados porque valen sus conceptos para cualquier ciudad del entorno que conocemos. Que difícilmente se dirigen hacia objetivos revisables y verificables (o que raramente se verifican y revisan) y tratan de encapsular modelos que casi automáticamente se autodestruyen en una realidad que se reproduce y recontextualiza a velocidades mayores de la que ellos soportan. Que constituyen, quizá, una teatralización de la realidad cultural de las sociedades.

En todo caso no dejo de aceptar que en algunas ocasiones sus conformación deja más mella que sus aplicaciones con lo que más bien deberían constituir un compendio de preguntas, una tratado para la provocación y la controversia. Un breviario de señales. Un esquema que determine la cultura como transcurso más que como acceso. Que valoren el excedente cultural de las comunidades, incluso de aquellas que permanecen ocultas.

Quizá confundamos cultura con estructura cultural y ello nos lleve a esos contrasentidos. Que estemos trabajando con modelos y recursos reflexivos caducos y que les exceda la realidad. Que, ya lo he mencionado en otras ocasiones, todo esto no sea sino un ejercicio de paleofuturismo porque el presente que vivimos ya ha superado las expectativas de futuro que en él se plantean. Diseñar lo que vendrá con el pensamiento ya caducado.

O con un pensamiento focalizado que pone el énfasis en el consumo y distribución de los productos culturales confundiendo la aspirina con la sanidad. O un discurso contradictorio que no coincide de ningún modo con las prácticas políticas de quienes lo proponen.

Me canso.

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  1. Podría susbcribir bastantes de las afirmaciones de este post. Creo que describe realidades de muchos planes estratégicos, pero… no de un buen plan. Para mi un buen plan debe reunir algunos requisitos como por ejemplo no ser un corsé inamovible, precismente por lo cambiante de nuestro entorno un plan debe poder ser flexible para evolucionar. Es una hoja de ruta, no una cárcel. Y es un sano ejercicio mental mirar la organzación más allá del día a día, pensar cómo queremos ser/estar a 3 o 5 años vista, sabiendo que no se trata de hacer futurología sino de proyectar nuestra visión, marcar unos objetivos y encaminarnos a ellos. Evaluar constantemente, corregir el rumbo cuando sea necesario, y crecer. Otra virtud que veo en un buen plan es el propio proceso de elaboración si se hace correctamente, es decir, implicando a toda la organización: es ua herramienta de cohesión (también de disensiones pero està por demsotrar que ello no sea positivo) y hace que el equipo se oriente a un propósito común.
    Un buen plan estratégico no es una panacea, el simple hechop de tenrlo no garantiza nada sino trabjamos constantemente, y hay muchos –demasiados- planes que respodnen al patrón del artículo, sin duda, pero si lo queremos hacer bien, una estrategia es, en mi opinión, imprescindible.

    Conxa
    @innova2
    (en el proceso de elaboración del plan estratégico del museo;)

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