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Puede que sea necesario  iniciar una etapa que modifique nuestros modelos de reflexión sobre la cultura, nuestros enfoques. Lo hemos dicho a menudo, si, pero más bien me parece que no hemos sabido salir de un circulo vicioso que, a mi parecer, nos ha llevado a sucumbir ante un mantra adormecedor que desposee a la cultura de sus principios humanos, civilizatorios. Una actitud que difumina el sentido de profundidad necesaria y se aparta de la complejidad en una especie de fast food conceptual para facilitar la ingesta: sin contemplaciones, sin matices, sin esencias… una ingesta intelectual desposeída de sutilezas para satisfacer las necesidades del vacío. El expolio de lo complejo. Quizá porque la aristocracia de la economía soporta mal que existan consideraciones amplias que la aparten de los parámetros del privilegio.

Una cultura así se reduce a la generación de mitos sagrados sobre los que engendrar tabúes: la sospechosa adoración del beneficio, de las cuentas de resultado, de la acumulación contable, en definitiva y una vez más del refuerzo de las desigualdades. Ya he dicho en algunas ocasiones que la cultura es energía y que como tal la tendríamos que contemplar para abordarla convenientemente. Porque en ese, en apariencia insignificante, detalle podríamos encontrar un punto de apoyo para enfocar nuestras reflexiones. El monopolio de la mecánica sobre la inteligencia (nunca hasta ahora hemos tenido a nuestro alcance tantos productos culturales pero cuántos de ellos nos sirven en realidad de alimento).

Y así, una vez enrocada la cultura en sus manifestaciones espectaculares y financieras, desposeída de su esencia, es fácil desprestigiarla y ridiculizarla. Porque la economía capitalista no tiene alma y el valor mercantil de la cultura es como cualquier otro: explotable. ¿Qué puede importar la cultura en un escenario en el que solo interesa el dividendo? Subir la cultura al carro de la inversión y el emprendimiento para adornarla y “dignificarla” es mayor pena si los gestores, los creadores, los agentes… no sabemos crear otro discurso. Quizá sea conveniente menos comercio y más talento, o armonizar ambos. Seguramente esto responda a una cuestión bien sencilla: un cerebro simple transmite mensajes más rápidamente (no hace falta proceso) y por ello estemos acotando el discurso a al denominador común del dinero. Incluso cuando nos dirigimos al peor preparado este lenguaje se entiende.

En todo caso más que lamentar el abandono de la cultura deberíamos buscar y alcanzar los medios para abandonar a estos sacerdotes, para hacerlos inútiles ¿podemos imaginar todo lo que nos hemos tenido que degradar para entrar en sus templos? Puede que esos templos no sean los benefactores inocentes de la cultura sino los reproductores de modelos a su imagen y semejanza, lugares donde se aplican los filtros necesarios para modificar las funciones liberadoras de la cultura.

Quizá un paso sea forzar a las instituciones a dar un salto y pensar la cultura desde su esencia ¿cómo? También esto es un ejercicio de reflexión y yo, lo siento, todavía no tengo una respuesta clara. La respuesta está en la inteligencia colectiva, en una mutación colectiva que reprograme los órganos vitales de la cultura. Saquear esa lógica que la encierra dentro de unos muros construidos con bloques de obscena arrogancia, de mantras ineficaces.

Alcanzar, en fin, una especie de reestructuración mental y orgánica que nos haga crecer branquias, en el sentido que Alessandro Barrico le da en su “Los bárbaros. Ensayos sobre la mutación” para poder desarrollarnos en otro medio.

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    • Susana de Fuentes
    • 10/01/13

    Estimado Aitzol ,tu escrito tiene múltiples derivaciones , tu has dicho que es lo que buscas , el discurso de la complejidad , no el discurso masificante . Algo como todos los individuos manifestando sus deseos y su derecho a la libertad creo entender .
    Rizoma viene de raíz , el lenguaje de Delleuze aparece como metáfora de ese llamado a lo múltiple , lo rico y lo imaginable nunca demasiado previsible También es lo oculto que camina sin ser visto y la visión invertida de un tronco que origina las ramas de un saber que crece por bifurcaciones y se extiende.
    Los totalitarismos son amigos del maniqueismo y de la falsa oposición de humanidades .Muchos hemos vivido y vivimos la manipulación que el “poder” hace del “saber”. En ese sentido puedo ver a la cultura como aguzado sentido crítico y afilada inteligencia que no da paso a los intentos de dominar , que no es obsecuente y que facilita desde su lugar que todo individuo eliga y entienda la responsabilidad de sus palabras como acciones en su grupo y colectividad
    Mis palabras son un gesto de amistad hacia ti , viendo tu vigor en tu búsqueda.Como muchos busco desde siempre mi lugar cambiante en este universo . Nada sé , nada poseo . Sólo y es todo , tengo la vida
    Un cordial saludo del Sur .

      • @culturpunk
      • 10/01/13

      Muchas gracias por tus palabras, Susana. Sólo comentar que Aitzol es buen amigo pero yo soy José Ramón :)
      Mucho empuje en tus búsquedas!
      Saludos

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